Los Murales de Portinari(1)
Hay cuatro murales de Cândido Portinari que adornan las paredes del
vestíbulo de la Sala Hispánica de Lectura
Desde que se inauguró la Sala Hispánica, siempre se deseó que
los dos vestíbulos fueran decorados por algún prominente muralista
de América Latina. Como la fundación ya tenía un mural
con el escudo de armas de Colón simbolizando la contribución
española a la historia americana, se pensó que sería
apropiado encargar la decoración de los vestíbulos a un brasileño
para que también pudiesen estar representados los pueblos de habla
portuguesa de América.
Cândido Portinari parecía la persona apropiada para la empresa.
Por lo tanto, en noviembre de 1940, Archibald
MacLeish invitó al pintor a considerar la preparación de
unos bosquejos para los murales. Portinari, que justo había llegado
al Brazil de una exhibición suya en Nueva York, sabía qué espacio
había sido reservado para el proyecto y estaba entusiasmado. El gobierno
brasileño, agradeciendo la invitación, proveyó los fondos
necesarios para su regreso a Washington en agosto de 1941 para preparar los
bosquejos.
En una serie de discusiones con el Sr. MacLeish, Portinari esbozó los
temas de las cuatro largas pinturas y, poco después, presentó bosquejos
aguados que fueron aprobados por el Bibliotecario y el arquitecto del Capitolio,
David Lynn. Para hacer posible que Portinari ejecutara los murales, un fondo
igual al ya obtenido por el gobierno brasileño, fue obtenido de la
Oficina del Coordinador de Asuntos Inter-Americanos.
Cândido Portinari empezó a pintar las paredes de la Fundación
Hispánica a finales de octubre, ayudado por su hermano Luiz. Dos meses
más tarde el trabajo estaba terminado y, el 12 de enero de 1942, fue
inaugurado en una ceremonia conducida por el embajador del Brasil Carlos
Martins Pereira e Sousa, Nelson Rockefeller, Coordinador de Asuntos Inter-Americanos
y, Lewis Hanke,
director de la Fundación Hispánica.
Al diseñar los murales, el mismo Portinari se impuso la restricción
de que las figuras y los objetos fueran representados de tal manera que no
fuesen de un solo periodo, sino más bien, todos los periodos sucesivos
desde la llegada de los portugueses y españoles a América.
En la primera pared, él decidió describir el primer evento,
el descubrimiento, pero sin especificar a los portugueses bajo Cabral o a
los españoles bajo Colón. A continuación, él
describió el gran tema americano de la colonización, la conquista
de los bosques y la dominación de la tierra, el acto de penetración
que gradualmente tuvo lugar en toda la América hispánica, desde
la Patagonia hasta el Río Grande. Como símbolo de este tema,
escogió la actual entrada de los colonizadores al prístino
bosque. En el tercer mural, representó los principios culturales a
través de las enseñanzas a los indios por los miembros de las órdenes
religiosas. Aquí, también, su tema fue internacional. Pudo
haber sido registrado en México, Paraguay o Brasil. Para su mural
final, él reservó el tema del trabajo. Específicamente,
escogió la minería --el aspecto más espectacular de
la economía de México, Brasil y otras partes de centro y sur
América durante el periodo colonial. En las figuras de los murales,
Portinari representó las tres razas de las Américas: el indio,
el negro, y el blanco.
En lo referente a la técnica, tuvo varios procesos a escoger. Los
murales podían ser pintados sobre lienzo en las paredes o directamente
sobre las paredes, con yeso mojado en la verdadera técnica del fresco
o con yeso seco al temple. Portinari estaba muy familiarizado con los tres
procesos, pero eligió usar el tercero porque prometía la mejor
mezcla de monumentalidad con un colorido luminoso, porque parecía
el más efectivo para tan pequeño espacio, y porque le permitiría
a él mayor libertad de experimentación, mientras trabajaba
con un tema y en una atmósfera hasta ahora desconocida para él.
Característicamente,
la primera pintura de Portinari, El descubrimiento
de la tierra, no está dominada por capitanes, almirantes,
o los frailes de la conquista, sino por los marineros que tripulaban la flota.
Este mural es el que tiene la composición más barroca de la
serie. Está dividido verticalmente por las cuerdas enrolladas de los
aparejos y escaleras del barco. Las arrolladoras diagonales de las bordas
y la turbulenta masa de agua se juntan con las poderosas y exultantes figuras
de los hombres para elevar el movimiento y excitación de la escena.
El viento de la conquista y de expectación parece soplar a través
de la pintura y el efecto queda resaltado por los azules, grises y blancos,
las verdaderas tonalidades del mar.
La
segunda pintura, Entrada en el bosque,
evoca los frescos del Ministerio de Educación brasileño. La
idea de representar animales tropicales, pájaros e insectos en una
jungla, se deriva de las decoraciones en el comedor que Portinari preparó para
la residencia de Rio de Janeiro de José Nabuco. Tanto en los bosquejos
en tinta como en aguazo, para el mural de la Sala Hispánica, la composición
es cuadrada, y la escena esta dominada por dos largas figuras a la derecha.
En la pared, sin embargo, la pintura asumió mayores proporciones.
Este mural contrasta con el primero en que la composición es más
estática y las figuras más solidamente realizadas. Sin embargo,
hay la misma insistencia en las cosas básicas y en la meticulosa representación
de las manos y brazos de los exploradores y en el aspecto casi sin terminar
de la figura del hombre bebiendo al lado del arroyo.
Los
dos murales en la sala grande representan un contraste estilístico
similar. La Educación de los indios, desarrollado a través
de un posicionamiento triangular de las figuras, sigue a la más sobria
y contenida tradición de los primeros trabajos de Portinari. Como
en el mural del Descubrimiento, el artista planeó originalmente una
composición diferente. En un bosquejo en tinta en la Biblioteca del
Congreso se ve a un sacerdote sentado ante una tumultuosa masa de indios
que curiosamente se resemblan a los del primer fresco de José Clemente
Orozco en la biblioteca del Dartmouth College. Esto el pintor lo encontró demasiado
regimentado.
En la versión final del mural, el tema es internacional, pero los
símbolos son peculiarmente brasileños. La escena es de un asentamiento
costanero en el siglo XVI, una aldea en la que padres jesuitas como Anchieta
y Nóbrega trabajaron pacíficamente para instruír a los
indios Tupi y salvar sus almas. El pintor ha agrupado cuidadosamente sus
figuras para resaltar la confianza y afecto de estos indios para sus devotos
maestros. El espíritu íntimo del trabajo se nutre por el cálido
circunvaleo de los tonos de fondo de la rica tierra roja, colores que van
dar a la terra roxa de São Paulo, por la presencia de la vaca pinta
mencionada en una de las cartas de Anchieta, y por los objetos familiares
dispersados --una cuerda enrrollada, un baúl de metal brillante, una
calabaza, elementos tan familiares como las firmas en las pinturas de Portinari.
El último
mural representa la Minería del Oro.
En él, Portinari rompió tanto con los frescos del ministerio
como las decoraciones de la Feria Mundial. El abandonó la primera
idea de muchos flotando en un tortuoso río, por un solo bote con un
solo grupo de figuras. Como en el primer mural de la División Hispánica, él
fue de una vista general distante a un incidente específico cercano.
En las dos pinturas hay un excitamiento violento; las dos representan la
tensión del momento del descubrimiento; las dos son exaltadas. Pero
aquí el pintor introduce un modelo más frenético a través
del símbolo de la mano del trabajador, levantada, gesticulando, agarrando,
presionando. Impresionista en el color en los repentinos y brillantes pinceladas
de colores sin combinación en el esquife, en el pelo de los mineros,
en el destello del oro y en los pequeños peces brillantes, esta pintura
marca la evolución más avanzada del estilo del mural del pintor
hacia la disolución de forma y color y se deriva de una serie de aceites
experimentales centrados alrededor de un naufragio, que Portinari hizo en
el verano de 1941.
1. Tomado de Robert C. Smith, Murals by Candido
Portinari in the Hispanic Foundation of the Library of Congress. Washington,
1943.
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